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  1. EL ÚTERO: UNIVERSO DE FECUNDIDAD
  2. Una conspiración espiritual
  3. Paquete de oferta de la Tierra y crímenes locos
  4. El cultivo taoísta del cuerpo
 
 

El cultivo taoísta del cuerpo

Editado por Livia Kohn

Traducción: Janette Nutis

 

Introducción

 

Muchas tradiciones religiosas fomentan la práctica del cultivo. Apoyan a sus miembros en el desarrollo de cualidades que son concebidas como ideales, perfectas o deseables dentro del contexto de sus creencias, cualidades que hacen a sus seguidores más parecidos a la deidad o principio cósmico que es su centro. Así, por ejemplo, los cristianos alientan el desarrollo del amor al prójimo, el altruismo y el servicio social. A los budistas les gusta ver que sus seguidores sean moralmente rectos, calmadamente auto-contenidos y llenos de sabiduría. En cada caso, el objeto del cultivo está relacionado muy de cerca con lo sagrado, el interés central y el aspecto más divino de la religión, mientras que la vida humana en su nivel ordinario, mundano, es vista como separada y diferente de esta visión. Por nuestra naturaleza de ser humanos, no somos ni ideales ni perfectos. Nos falta la paz interior, el amor mutuo y la divinidad. No somos como la deidad o el principio cósmico –pero tenemos la chispa, la semilla, el rasgo de lo divino dentro de nosotros.

 El cultivo luego presupone dos asunciones: una, que la vida humana y la condición humana divergen de la divina, lo último, la perfección; dos, que existe el potencial para alcanzar el estado perfecto dentro de cada ser humano. La práctica del cultivo, entonces, exactamente como su contraparte agricultural en el mundo de lo mundano, significa plantar la semilla, apoyarla y nutrirla, mantenerla a salvo de predadores y malas hierbas, permitirle que crezca y gradualmente se eleve a su total florecimiento. Eventualmente, la semilla se volverá una planta completamente crecida y cultivarla no será más una práctica separada sino que se volverá una con la vida misma. En el contexto religioso, esto significa que para entender el cultivo, uno debe primero examinar los ideales y los objetivos de la religión en cuestión, luego encontrar la naturaleza de la semilla y buscar diferentes métodos de cuidado y cultivo.

 Consistente con la metáfora del crecimiento, cultivo significa acción, movimiento hacia delante, progreso y mejora. Una vez iniciado, es un proceso continuo, un movimiento constante de transformación. Requiere que uno ponga a prueba cada supuesto básico sobre el ser y el mundo; se vuelva una persona nueva con cada fase y nunca esté del todo satisfecha, terminada ni concluida. Siempre se encuentra el ideal divino como guía superior. Hay siempre otro paso más que tomar, otra área que apoyar, otro aspecto en el que seguir trabajando. El proceso mismo, el camino hacia la meta, se convierte en la manera de cultivar y para el practicante dedicado, es su vida.

 De la misma forma en que al plantar un campo, uno puede contar sólo consigo mismo o buscar la ayuda de manuales, consejeros o asistentes, así el cultivo puede ser emprendido bajo el propio impulso o con la ayuda de otros. La tradición japonesa distingue esto con gran claridad en su contraste entre el Zen y la Tierra Pura, describiéndolos como jiriki o “poder propio” y tariki u “otro poder”, respectivamente. En otras palabras, para cultivar el ideal religioso uno puede seguir un camino de auto-transformación a través de la virtud, la meditación y el auto-control o puede ponerse en manos de una deidad o agente divino, un salvador tipo bodhisattva, quien prestará apoyo y guía e incluso se hará cargo de los asuntos con su poderosas manos. Otra imagen usada a veces en el contexto budista es la de la bicicleta versus el autobús: ambos te pueden llevar al destino deseado, pero en la bicicleta deberás impulsarte a ti mismo hacia adelante con toda tu fuerza, mientras que en el autobús, puedes dejar la conducción y la toma de decisiones a alguien más.

 Puede parecer a primera vista que el ciclismo es mucho más duro que sentarse en un autobús, pero el hecho es que a los seres humanos se les hace muy difícil entregarse sin cuestionamiento a las manos de otro, no importa cuán reverenciado, amado y confiable sea. Entregarse a uno mismo a la devoción es igualmente duro, y para algunas personas puede ser aún más duro que seguir el camino místico de la meditación y el auto-control.

 Puede observarse en este punto que estamos hablando de “confiar” y “auto-control”, ambas esencialmente acciones mentales y actitudes psicológicas. Y en verdad, en la mayoría de las tradiciones el camino del cultivo, en cualquiera de sus formas, es una transformación mental. Más que ninguna otra cosa, requiere de un cambio en actitud y conciencia, un desarrollo de cualidades como la compasión, el amor al prójimo, la calma y el desapego –todas esencialmente no físicas, no del cuerpo. Los cuerpos tienden a estar al margen del cultivo, en el mejor de los casos librado a sus propios medios; en el peor, envilecido y maltratado. Con demasiada frecuencia, la naturaleza humana básica de avaricia y egoísmo es vista como enraizada en el hecho de que tenemos cuerpos y que estos cuerpos tienen necesidades que deben ser satisfechas. Como Bertold Brecht, el famoso dramaturgo alemán, dice en su “Ópera de los Tres Centavos”: “Erst kommt das Fressen dann kommt die Moral!” o “Comida primero, ética después.” Si, es muy difícil ser bueno si eres pobre, hambriento, sucio y desaliñado. Y con demasiada frecuencia, los residentes de los monasterios, los sitios de cultivo por excelencia, están bien alimentados, bien vestidos, bien mantenidos y, en general, libres de las preocupaciones corporales.

 Pero existe otra alternativa a la de sacar al cuerpo fuera de la ecuación. Esto es, uno puede hacer del cuerpo la base, la raíz, el fundamento del proceso de cultivo, anclarse uno mismo en la fisicalidad y transformar la naturaleza misma de la existencia corporal como parte de la empresa divina. Ésta es la ruta que la tradición Taoísta ha escogido –una ruta única que aún no ha sido igualada entre otras religiones y que tiene, con la fisicalidad haciéndose más relevante en nuestros días, un gran atractivo para los buscadores occidentales modernos. ¿No sería maravilloso, realmente, poder disfrutar del cuerpo y ser buena persona, ambas al mismo tiempo? ¿No sería genial ser capaz de disfrutar toda clase de gustos y placeres mientras al mismo tiempo nos movemos hacia delante por el camino hacia la existencia divina?

 Hay un gran atractivo en esta visión, y la tradición china, afirmadora de la vida y amante del mundo desde un inicio, la ha explorado ampliamente. Su solución al problema de tener cuerpo y querer ser divino es algo llamado chi.

 El Chi y las Cinco Fases

 Chi es la energía fundamental del universo, la materia básica del Tao, la fuerza vital en el cuerpo humano y la base para toda la vitalidad física. Tangible en las sensaciones y los pulsos, visible como vapor y aliento, audible en suspiros y sonidos, es lo que somos como seres en cuerpos físicos. Pero es también la energía material del Tao, la fuerza subyacente en el universo mayor, el poder que hace que las cosas sucedan en el cosmos. Sólo hay un chi, tal como sólo hay un Tao, y a través de él la gente y el cosmos son uno. Somos, por ser seres físicos, parte ya de lo divino, lo último, la creación. Todo lo que tenemos que hacer es darnos cuenta de este hecho y comportarnos en concordancia.

 Esto es, no todo está bien por simplemente ser chi. El chi aparece en diferentes niveles y diferentes modos. En nuestro centro, nuestro ser más profundo, hay formas cósmicas de chi primordial y prenatal, es decir, el chi que es parte del sustrato creativo del universo y el chi verdadero perfecto que recibimos de nuestros padres. En la periferia, en nuestras vidas y expresión cotidiana, está el chi postnatal o terrenal. Los tres tienen que trabajar juntos de manera fluida y fácil para que puedan alcanzarse la salud y la armonía.

 La salud, entonces, no es sólo la ausencia de síntomas y malestares. Es la presencia de una energía vital fuerte y un flujo suave, armonioso y activo de chi. Esto es conocido como el estado de zhengchi o “chi apropiado”, también traducido como “chi correcto”. El ideal es que el flujo de chi sea libre, creando armonía en el cuerpo y un estado equilibrado del ser en la persona. Esta salud personal se corresponde luego con la salud en la naturaleza, definida como patrones climáticos regulares y ausencia de desastres. Está también presente como salud en la sociedad en la coexistencia pacífica entre familias, clanes, pueblos y estados. Esta armonía a todos los niveles, la presencia cósmica de un flujo estable y agradable de chi, es lo que los chinos llama el estado de Gran Paz, un estado venerado por todas las diferentes escuelas religiosas, filosóficas y políticas en la China tradicional.

 Lo opuesto a la salud, lo que otras tradiciones describirían como alejarse de lo divino y ceder a las urgencias corporales, en China es xiechi o “chi caprichoso”, también llamado chi desviado, chi patogénico, chi heteropático y chi perverso. En una condición de xiechi, los humanos han perdido su relación armoniosa con el cosmos, el campo de chi ha caído en desequilibrio y el chi de la persona ya no apoya las fuerzas dinámicas de cambio. Mientras que el chi apropiado se mueve con un ritmo suave y estable, efectuando renovación diaria, ayudando a la salud y longevidad, el chi caprichoso es desordenado y disfuncional y crea cambio que viola el orden normal. Cuando se vuelve dominante, el flujo de chi puede volverse sobre sí mismo y agotar los recursos del cuerpo. El individuo pierde su conexión con el universo, deja de funcionar como parte del sistema mayor y está cada vez más fuera de sintonía con la fuerza vital básica.

 Con el tiempo, esto resulta en irritación: irritación mental que aparece como emociones negativas e irritación física que aparece como incomodidad en el cuerpo y eventualmente conduce a la enfermedad. La gente tiene la habilidad para sentir la calidad del chi dentro de su cuerpo. También tiene el poder para regular su flujo y tiene la fortaleza para controlar su entrada y salida. Lo mismo es aplicable a los niveles de la naturaleza y la sociedad. En la naturaleza, el chi caprichoso significa la ocurrencia de patrones climáticas impredecibles, como inundaciones, sequías, plagas de langosta, terremotos y similares. En la sociedad, significa levantamientos y revueltas, revoluciones o actos de terrorismo. Como en el cuerpo, estos signos de flujo inestable de chi pueden ser predecidos, controlados y remediados, -siempre que uno comprenda la dinámica sutil de la vida en todos sus niveles.

 La comprensión fundamental del cuerpo y de lo divino es común a toda la cultura china y encuentra su más conocida expresión en la medicina china, así como en la menos conocida teoría política china. La tradición taoísta, como la religión autóctona más elevada en China, ha desarrollado aún más esta comprensión al ligar el cuerpo con el mundo natural y con la administración del país, poblándola de deidades estelares y definiendo distinciones más sutiles y tipos de energía. En su base, ha creado un sistema intricado y complejo del cultivo espiritual, a través del cual el cuerpo es transformado energéticamente a su potencia más sutil posible. Su objetivo último es volverse uno con el Tao, alcanzar el estado de unión mística y liberar la identidad del ego personal en esta tierra para ascender después de la muerte a los cielos de los dioses y los inmortales.

 El cuerpo en el taoísmo como sistema de chi es parte y parcela del mundo natural. Cada una de sus partes se equipara a uno y otro aspecto de la naturaleza, así que ya en el Huainanzi (Escritos del Príncipe de Huainan) del siglo segundo antes de nuestra era, se dice que “la redondez de la cabeza es una imagen del Cielo, lo cuadrado de los pies sigue el patrón de la Tierra.” Así como el mundo natural funciona según cuatro estaciones, cinco fases, nueve direcciones y 360 días, “los seres humanos tienen cuatro extremidades, cinco órganos internos, nueve orificios y 360 articulaciones”. De manera similar, las varias fuerzas de la naturaleza, tales como el viento, la lluvia, el frío y el calor son equiparados con las “acciones de dar, tomar, el gozo y el enojo”. Cada órgano, más aún, tiene una parte que jugar en el mundo natural interno: “La vesícula corresponde a las nubes, los pulmones al aliento, el hígado al viento, los riñones a la lluvia y el bazo al trueno”.

 Una visión más radical de la misma idea aparece en la adaptación taoísta del mito hindú de Purusa, donde el cuerpo físico de la deidad es transformado en el mundo. En China, esta historia aparece primero con la figura de Pangu como creador; también aparece con el desafiante Lao Tzu como protagonista clave. La historia reza:

 Lao Tzu cambió su cuerpo. Su ojo izquierdo se convirtió en el sol y su ojo derecho en la luna. Su cabeza fue la Montaña Kunlun, su pelo, las estrellas. Sus huesos se convirtieron en dragones, su carne en bestias salvajes, sus intestinos en serpientes. Su pecho fue el océano, sus dedos, las cinco montañas sagradas. El pelo de su cuerpo se transformó en pasto y árboles, su corazón en la constelación Cassiopeia. Finalmente, sus testículos se unieron en un abrazo como padres verdaderos del universo.

 Aquí cada parte obvia del cuerpo –ojos, orejas, pelo, huesos, miembros, intestinos- es transformada en un aspecto de la naturaleza, creando una correspondencia completa y sistemática entre el cuerpo humano y el universo mayor.

 Bajo la dinastía Han (206 a.C. - 220 d.C.), los cosmólogos chinos crearon una comparación aún más sofisticada entre las partes del cuerpo y aspectos del mundo natural mediante la clasificación del universo entero así como de las partes y actividades corporales de acuerdo a yin y yang y subdividiéndolas todavía en las llamadas cinco fases. Es decir, tomaron las dos fuerzas yin y yang y no sólo las ligaron con cualquier cantidad de opuestos complementarios en los niveles humano, natural y cósmico (por ejemplo: alto y bajo, frío y caliente, femenino y masculino, tierra y cielo), sino que también las interpretaron como en constante devenir el uno en el otro. A medida que yin se eleva y crece, alcanza su cenit y da paso al yang, que a su vez se eleva y crece, alcanza su cenit y así sucesivamente. Identificaron debidamente cinco fases de yin y yang y las asociaron con cinco objetos materiales como sus símbolos apropiados. Las cinco fases y sus símbolos son:

 yang menor   yang mayor   yin y yang  yin menor  yin mayor

   madera         fuego             tierra           metal         agua

 En el cuerpo humano, estas cinco fases están presentes como los cinco órganos internos (hígado, corazón, bazo, pulmones, riñones), que también trabajan juntos en un constante flujo de movimiento e intercambio. Puede que lleven los mismos nombres para los órganos que conocemos en la medicina occidental, pero son más que meros órganos. Sirven como receptáculos y centros para una red completa de chi, y cualquier referencia hecha a cualquiera de ellos connota el tejido completo de las manifestaciones funcionales relacionadas con ellos. Consecuentemente, “hígado” no es sólo el órgano como lo conocemos, sino que incluye el trabajo de músculos y tendones y también corresponde al sentido de la visión y los ojos. Más allá de las cinco fases, los cinco órganos internos tienen también asociación con los planetas, las direcciones geográficas, colores, estaciones, órganos digestivos, emociones, sentidos y fuerzas espirituales. Este conjunto de correspondencias provee un intricado sistema que mezcla a fondo lo cósmico con lo físico y refleja directamente la visión fundamental del cuerpo y el universo siendo un solo ser a través del chi. Sus componentes principales son:

 Hígado: madera, este, verde, primavera, vesícula, enojo, ojos, alma espiritual.

Corazón: fuego, sur, rojo, verano, intestino delgado, agitación, lengua, espíritu

Bazo: tierra, centro, amarillo, verano indio, estómago, preocupación, labios, voluntad

Pulmones: metal, oeste, blanco, otoño, intestino grueso, tristeza, nariz, alma material

Riñones: agua, norte, negro, invierno, vejiga, miedo, oídos, esencia.

 Como centros de la red de chi tanto en el nivel físico como en el cósmico, los cinco órganos son también puntos focales de los llamados meridianos o conductos de chi que corren a lo largo de brazos y piernas hacia y desde las extremidades y conectan el centro del cuerpo con su periferia. Son análogos a las arterias de la tierra en el mundo natural, descritas y analizadas por especialistas en feng shui y responsables por la ubicación auspiciosa o desafortunada de casas y tumbas. En cualquier caso, el  chi  necesita fluir libremente –proceso ayudado por la correcta construcción de las estructuras hechas por el hombre así como por los métodos de cultivo físico.

 Una forma de imaginar la correcta administración de los órganos y los recursos internos corporales es a través de la metáfora de un sistema administrativo. Esta visión aparece primero en los clásicos de medicinas, como el Huangdi neijing suwen (El Clásico interno del Emperador Amarillo, preguntas simples). Dice:

 El corazón es la residencia del soberano: el espíritu y la claridad se originan aquí. Los pulmones son la residencia de los altos ministros de estado: el orden y la división se originan aquí. El hígado es la residencia de los estrategas: la planeación y la organización se originan aquí. La vesícula es la residencia de los jueces: los juicios y las decisiones se originan aquí.

 El centro del pecho es la residencia de una fuerza de trabajo especial: el gozo y el placer se originan aquí. El estómago es la residencia de la administración de granos: las diversas clases de sabor se originan aquí. El intestino grueso es la residencia de los maestros del Tao: el desarrollo y la transformación se originan aquí. Los riñones son la residencia de los hombres de negocios; la actividad y el cuidado se originan aquí.

 Comprendiendo al cuerpo de esta manera, uno puede dar atención especial a partes que están subdesarrolladas con el fin último de hacer que todos los diferentes aspectos trabajen en completa armonía y con la máxima eficiencia de flujo de chi. Este estado, entonces, no sólo es esencial para la salud sino que también provee descanso mental y permite un sentido más sutil de fluir con los patrones mayores del mundo. El alquimista Ge Hong dice a propósito en su Baopuzi (Libro del Maestro que abraza la simplicidad) del siglo cuarto temprano:

 El cuerpo de un individuo puede ser visto como un estado. El diafragma puede ser comparado con el palacio; los brazos y las piernas, con los suburbios y las fronteras. Los huesos y las articulaciones son como los oficiales; los dioses internos son como el soberano; la sangre es como los ministros de estado; el chi es como la población.

 Entonces, cualquiera que sea capaz de regular su propio cuerpo puede regular un estado. Cuidar bien de la población es la mejor manera de hacer que el estado sea seguro; de la misma manera, nutrir el chi es la forma de mantener el cuerpo completo, pues cuando la población se dispersa, el estado se va a la ruina; cuando el chi se agota, el cuerpo muere.

 Así como un buen soberano y administrador tiene que asegurarse de que su gente esté segura y pueda hacer su trabajo sin impedimentos, un practicante del cultivo taoísta necesita atender con la mayor urgencia su chi, asegurándose de que esté presente en cantidades adecuadas, fluya suave y armoniosamente y no entre o deje el cuerpo de manera inapropiada. La idea de que el chi es como la población del estado casa bien con el concepto de los órganos internos como sus ministros mientras que las articulaciones son sus oficiales. Todos ellos tienen un importante papel que jugar, pero el enfoque central de la práctica del cultivo es el chi, y todas las otras partes son nutridas sólo a través de y para el chi.

 Dimensiones Divinas

 Una visión expandida del cuerpo como un mundo natural aparece en la escuela taoísta medieval de la Claridad Más Alta. De acuerdo a ésta, el cuerpo humano es no sólo una combinación de patrones y energías naturales sino también una esfera interior que contiene paisajes sobrenaturales y seres divinos. El cuerpo es un mundo completo con montañas y ríos, un reino divino y cósmico, un paraíso y la residencia de los dioses.

 Esta comprensión aparece primero en el Huangting jing (Escritura de la Corte Amarilla) como un manual de visualización del siglo cuarto de nuestra era. En una descripción visual más reciente, se encuentra en el Beijing tu (Carta de los Pasajes Interiores). Aquí, las oficinas centrales interiores del Cielo se localizan en la cabeza y se corresponden con el paraíso inmortal de la montaña Kunlun. Es descrita como una montaña grande y exquisita rodeada por un vasto lago y cubierta por palacios espléndidos y huertas maravillosas.

 Entre los ojos, que son el sol y la luna, uno pude moverse dentro del Vestíbulo de la Luz, uno de los nueve palacios en la cabeza. La mejor manera de acceder a él es pasando a través del profundo y oscuro valle de la nariz, guardado por las dos altas torres de los oídos. Para obtener la entrada uno debe realizar el ejercicio físico/ritual de “batir el tambor celestial”: con ambas palmas cubriendo las orejas, chasquear el índice y el dedo medio para tamborilear contra la parte trasera del cráneo.

 Debajo del valle de la nariz hay un pequeño lago, o sea, la boca. Ésta regula el nivel del agua de lago superior en la cabeza y lo eleva o lo disminuye según se requiera. Cruzando la boca-lago por su puente (lengua) y moviéndose más hacia abajo, se llega a la torre de doce pisos de la garganta, luego se llega al Palacio Escarlata (corazón), la Corte Amarilla (bazo), el Granero Imperial (estómago), la Cámara Púrpura (vesícula) y varios otros palacios estelares transpuestos dentro de las profundidades del cuerpo. Yendo aún más profundo, se llega a otra región cósmica, con otro sol y luna (riñones). Debajo de ellos, el Océano de chi se extiende con otra Montaña Kunlun en el medio. Varios seres divinos, además, residen en el cuerpo, creando vitalidad y proveyendo de recursos espirituales.

 La visión taoísta del cuerpo como una red de pasadizos celestiales y palacios estelares se traslapa con la comprensión médica del cuerpo como consistiendo de varios aspectos del chi y la energética de las cinco fases de los órganos vitales y vísceras. Mucho puntos de acupuntura tienen connotaciones taoístas, y las prácticas curativas chinas y los ejercicios físicos para la longevidad están en la raíz de la práctica taoísta. Sin perder ningún aspecto de la dinámica médica, la visión taoísta provee una dimensión más cósmica y espiritual de la misma comprensión básica, permitiendo a los adeptos moverse más allá de la existencia mundana hacia un reino más grande y más espiritual, apuntando a alcanzar a los dioses en las estrellas y de esta manera, al Tao en el centro.

 Mientras que las prácticas físicas preparan al cuerpo para estadios más elevados, para alcanzar el objetivo último, los adeptos se dedican a técnicas más avanzadas de meditación y visualización. Un método bastante conocido es la concentración interior en las tres dioses taoístas principales a cargo del cuerpo humano: La Femenina, El Masculino y el Grande. Residen en los centros energético superior, medio y bajo del cuerpo, comúnmente llamados campos de cinabrio o del elixir, localizados en el centro de la cabeza, plexo solar y abdomen bajo. Los dioses son esencialmente divinidades astrales, nacidas directamente de la energía primordial del universo en la Osa Mayor, la constelación central del cielo.

 Los adeptos visualizan a Los Tres como manifestaciones de tres clases de chi cósmico primordial en los tres campos de elíxir. Ellos a su vez gobiernan los veinticuatro poderes fundamentales en el cuerpo humano que corresponden a las veinticuatro energías del año y las veinticuatro constelaciones en el cielo. El procedimiento exacto de la meditación varía de acuerdo a la estación, pero siempre que sea posible debe realizarse en los solsticios y los equinoccios.

 Para prepararse para la práctica, los adeptos deben purificarse mediante baño y ayuno. Entran en la cámara de meditación a la medianoche, la hora del yang naciente. Entonces prenden incienso y hacen sonar los dientes treinta veces. De cara al este, cierran los ojos y visualizan la Osa Mayor que desciende lentamente hacia ellos hasta que descansa justo sobre sus cabezas con la punta del mango apuntando directamente hacia el este. Esta medida preliminar sirve para proteger a los adeptos de las influencias malignas durante la práctica.

 Luego empiezan con la Superior. Visualizan una bola de energía roja en el Palacio Niwan, el campo del elixir superior en el centro de la cabeza. Dentro de esta bola de energía, aparecerá un sol rojo de cerca de nueve pulgadas de radio. Su brillo envuelve al practicante a tal grado que entre en un estado de absoluto olvido. En cuanto se ha alcanzado este estado, se hace visible el Dios del Niño Rojo. Regidor del Palacio Niwan, sostiene un talismán del tigre blanco, el animal sagrado del oeste. Está acompañado por su ayudante, el dios de las esencias sutiles de los dientes, la lengua y el cráneo, Wuien sostiene una escritura sagrada en sus manos.

 El Medio y el Inferior son igualmente imaginados como residiendo en los otros campos de elixir, el Palacio Escarlata del corazón y el Océano de Chi en el abdomen y están acompañados por asistentes que gobiernan los cinco órganos interiores así como las extremidades, los sentidos y los fluidos del cuerpo. A través de visualización, los adeptos los mantienen seguros en el cuerpo y con el tiempo aprenden a comunicarse con ellos, resultando en el logro de estados aún más elevados en que los adeptos transponen a los dioses visualizados de regreso a su verdadero reino en las estrellas y paraísos y ellos mismos vuelan a visitar esos reinos extraterrestres –dimensiones que serán su verdadero hogar una vez que su limitada existencia en la tierra llega a su fin.

 Reorientando al cuerpo para ser el contenedor de palacios celestiales y deidades y ser de hecho un cosmos en sí mismos, los adeptos alcanzan la unidad en cuerpo y espíritu con las dimensiones cósmicas del universo. Así como todas las partes del cuerpo son transformadas en entidades divinas y firmemente guardadas por sus dioses responsables, la fisicalidad misma del adepto se vuelve una red cósmica y se convierte en el reino celestial en que residen los dioses. Visualizando y sintiendo a los dioses dentro del propio cuerpo, el taoísta se vuelve un ser más cósmico, transformado pero sin renunciar a su naturaleza corporal física.

 Niveles de chi

 Esta naturaleza física, no obstante, en sus estados más elevados de unidad con los dioses y los poderes cósmicos, no es el mismo material bruto que experimentamos en la vida ordinaria. Antes de que los taoístas pueden alcanzar las estrellas, sus cuerpos deben pasar por transformaciones masivas y volverse sutiles redes de energía. Para esto, distinguen diferentes clases y niveles de chi en el cuerpo.

 El más inmediatamente tangible y fuerte entre ellos es el jing, frecuentemente traducido como “esencia”. Como lo define Manfred Porkert: jing es el aspecto indeterminado del chi o el chi en transición de una forma determinada a otra. Un ejemplo clásico es el semen del hombre que lleva la vida del padre al hijo; otra es la esencia que el cuerpo toma de la comida durante su asimilación. Ni yin ni yang, el jing marca el chi en tránsito, el combustible crudo que impulsa el ritmo pulsante de la reproducción celular del cuerpo. Gobernado por los riñones y la fase del agua, está también conectado con el chi primordial que reside ahí y con el poder psicológico de la voluntad o determinación. Está entre los recursos principales del carisma, la atracción sexual y el sentido de totalidad de una persona.

 En su forma dominante, el jing es la potencia sexual, esto es, el semen en el hombre y la sangre menstrual en la mujer. Ambos se desarrollan a partir del chi puro que desciende de su centro –el Océano de Chi en el abdomen en los hombres y la Caverna de Chi en el área del pecho en las mujeres- y se vuelve tangible en las sensaciones y fluidos sexuales. Emitir el jing a través de la eyaculación fuera de tiempo y la menstruación excesiva es visto como la fuente principal de pérdida de chi que puede causar debilidad física, conducir a enfermedades y precipitar una muerte temprana. Pero aún sin la pérdida masiva del jing, la esencia vital disminuye a lo largo de una vida. Su surgimiento y declinación son vistas como sucediendo en un ciclo de ocho años en los hombres y de siete años en las mujeres, alcanzando su pico cuando la gente llega a sus veintes y treintas, y sigue declinando constantemente hasta que cesa la función reproductiva y el cuerpo decae en los últimos años.

 La preocupación básica para todos los buscadores de la longevidad y los practicantes taoístas es regular y hacer más lento el proceso de decadencia para mantener el jing en el cuerpo e invertir el movimiento descendente del chi. Al revertir la esencia de regreso al chi a través de disciplinas físicas y prácticas de meditación, renuevan la vida y aumentan el vigor, estableciendo la base para una refinación última de la energía.

 El chi que está en la raíz de la esencia y a la cual regresa en el cuerpo es el aspecto personal interno de la energía universal. Clasificada como yang en relación con la sangre como su contraparte, este chi está compuesto de aspectos tanto prenatales como postnatales; sirve como fundamente de nuestra salud y enfermedad; determina cómo nos movemos, comemos, dormimos y funcionamos en el mundo. Fluyendo a través de los meridianos como el flujo de sangre por las venas y arterias, es la fuente del movimiento dentro y fuera del cuerpo, presente en continua circulación.

 También, a través del aliento, la comida, la bebida, el contacto físico, la sexualidad y las emociones, el chi personal está en constante intercambio con el mundo externo. Como se observó anteriormente, puede ser apropiado, bien alineado, armonioso, correcto en cantidad, tiempo y actividad, o caprichoso, mal alineado, fuera de ruta y dañino. Los practicantes deben asegurarse que su chi es apropiado y fluye suavemente. Sólo la mejor calidad de chi debe ser permitida en el cuerpo y sólo debe permitirse que se vaya el chi postnatal, viciado, no la parte primordial valiosa. Los adeptos desarrollan una conciencia elevada de la interacción con el ambiente así como gran cuidado en los tipos de comida que toman y los métodos de respiración que aplican. Más y más, aprenden a concentrarse en los patrones y ritmos internos del chi, refinándolo a través de circulación consciente continua hacia niveles cósmicos y más sutiles.

 Eventualmente, el chi es transformado en las energías internas más finas que fluyen con igual frecuencia vibratoria que la de los mismos dioses. Los chinos llama a este shen, que significa “espíritu” como energía corporal, pero también indica “dios” y lo “divino” en contextos religiosos. Todo mundo tiene espíritu naturalmente desde el nacimiento. Clasificado como yang, es la vitalidad regidora detrás de los sentidos corporales y las fuerzas psicológicas individuales, manifestándose como conciencia individual y constituyendo la dirección mental del individuo. Residiendo en el corazón, controla la mente y las emociones y, a través de éstos, se da una causa importante para la enfermedad. Más allá de la mente y las emociones, el espíritu es también el poder que conecta a la persona con el Cielo y el destino original –una fuerza activa, que configura y organiza, y una influencia transformadora que uno no puede percibir directamente sino sólo a través de sus manifestaciones.

 Los adeptos luchan por transformar su chi de manera creciente hacia el espíritu, haciéndose más finos y sutiles en la configuración energética básica de sus cuerpos, siendo entonces más como espíritus, dioses, y los inmortales. Refinados en sus cuerpos energéticos, se hacen más conscientes de los niveles más sutiles de existencia, más sintonizados con los dioses, y más potentes en sus habilidades. Los practicantes avanzados no sólo ven y sienten la presencia de las deidades alrededor y dentro de ellos sino que obtienen varios poderes sobrenaturales, llamados aspectos dominantes: pueden estar en dos lugares al mismo tiempo, moverse rápidamente de un lugar a otro, conocer el pasado y el futuro, adivinar el pensamiento de los otros, procurar sustancias maravillosas, trascender todos los peligros del fuego y el agua y tener poderes sobre la vida y la muerte. Su ser entero ha cambiado de lo mundano, el mundo basado en el chi, al reino del espíritu, lo divino, los dioses. Están firmemente en el camino de convertirse en dioses ellos mismos.

Daoist Body Cultivation

edited by Livia Kohn

Three PInes Press

2006

 

Daoist Body Cultivation

Traditional Models and Contemporary Practices

Editado por Livia Kohn

Three Pines Press

2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     
 
         
         
 
 
 

 

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Jorge Patricia Yolanda Rosalía Carolina Alexis

 

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